sábado, 3 de agosto de 2013

LA MISIÓN DEL CIELO
Pertenecen a mí  aún las ganas de ser y de actuar. Un  universo habita en cada persona, con esas mismas ganas.Cada universo distinto, complejo. 
Se han creado profesiones, técnicas y oficios, para que cada universo explote las habilidades que se le dan  con mayor eficacia. Se han creado modos de intercambio de bienes para  un sistema económico que no colapse, y en el cuál, se beneficien unos más que otros. Se han creado medios de transporte para que el hombre pueda ir y venir, con la ilusión de que puede ser libre. Se han creado así, temas, facetas, imposiciones sobre el ser humano. Ya no sabemos con certeza si algo es natural o no, si vivimos  o simplemente existimos. Nuestra costumbre de ver sin observar, de oír sin escuchar , de hablar sin comunicar ; nos ha hecho caminar sin parar ni levantar la mirada a el cielo, cuyo movimiento no se perturba ni siquiera con la misión de observar al mundo funcionar, un mundo cuyo sentido se quedó atascado en buscar desesperadamente un fin sin nunca haber vivido los medios.

jueves, 18 de julio de 2013

POLVO
Abro la puerta, cuyo sonido es tan familiar como mi lunar en el abdomen. Caen sobre mí un montón de dudas y seguidamente un montón de camisetas que guardan llenas de recuerdos tu olor a madera y limón, un olor tan peculiar que lo siento al irme al dormir. Tal vez sin darme cuenta mi armario se llenaba de recuerdos oscuros, cartas viejas y suéteres sucios. Por más que buscaba no me hallaba, no hallaba nada en ese montón de tela. Ahí comprendí que mi vida estaba tal vez tan desordenada como mi armario, y que solo quedaba de mí el reflejo en el espejo empolvado detrás de aquella puerta que guardó tantos suspiros.
SÍNTOMAS DE TI.

He tenido en mis últimos suspiros síntomas de melancolía, mis miradas van directo a la nada, al limbo, a tu rostro perdido entre las sombras. Quizá no te haya amado, quizá nunca haya amado a nada ni a nadie, pero tus palabras y tus miradas aún inundan mi ser y no encuentro como vaciarte de mí, como dejar de aferrarme a ti. Sé que nuestra historia ni siquiera debería llamarse historia, que mis labios desesperados de ti nunca saciaron su deseo. Los atardeceres que nuestros ojos presenciaron  juntos, siempre significaron más para mí. Fue una montaña rusa. Mientras yo tomaba tu mano en la caída y sentía mariposas, tú sin asimilarlo perdías esa sensación. Al llegar a la cima, donde sentía que una eternidad contigo ahí no sería suficiente, me preocupé más por la caída y no miré a tus ojos en ese momento, tus ojos que ahora confundo con los míos en un espejo tenue a las cuatro de la mañana. Tal vez al final de la montaña rusa tú decidiste bajarte y al poner tus pies sobre la tierra encontraste  esa sensación que, para mi desgracia, no encontraste conmigo. Yo inútil y sin aún poderme bajar, te observo desde la cima y a tu lado, quien ahora sostiene tus miedos y tus sueños, que siempre soñé míos. Distante me encuentro, feliz, triste, vacía. No siento nada, ni siquiera las mariposas de aquella caída libre. Te miro, no he dejado de hacerlo, incluso cuando subes con ella yo sigo atrás de ti, mirándote, y te encuentras tan feliz sin mí y yo aquí tan perdida sin ti. Tengo síntomas de ti aún, necesito bajarme de aquí, necesito que los atardeceres vuelvan a ser míos y que de mis  ojos inundados en lágrimas salga tu recuerdo.