POLVO
Abro
la puerta, cuyo sonido es tan familiar como mi lunar en el abdomen. Caen sobre
mí un montón de dudas y seguidamente un montón de camisetas que guardan llenas
de recuerdos tu olor a madera y limón, un olor tan peculiar que lo siento al
irme al dormir. Tal vez sin darme cuenta mi armario se llenaba de recuerdos
oscuros, cartas viejas y suéteres sucios. Por más que buscaba no me hallaba, no
hallaba nada en ese montón de tela. Ahí comprendí que mi vida estaba tal vez
tan desordenada como mi armario, y que solo quedaba de mí el reflejo en el
espejo empolvado detrás de aquella puerta que guardó tantos suspiros.
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