jueves, 18 de julio de 2013

POLVO
Abro la puerta, cuyo sonido es tan familiar como mi lunar en el abdomen. Caen sobre mí un montón de dudas y seguidamente un montón de camisetas que guardan llenas de recuerdos tu olor a madera y limón, un olor tan peculiar que lo siento al irme al dormir. Tal vez sin darme cuenta mi armario se llenaba de recuerdos oscuros, cartas viejas y suéteres sucios. Por más que buscaba no me hallaba, no hallaba nada en ese montón de tela. Ahí comprendí que mi vida estaba tal vez tan desordenada como mi armario, y que solo quedaba de mí el reflejo en el espejo empolvado detrás de aquella puerta que guardó tantos suspiros.

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