POLVO
Abro
la puerta, cuyo sonido es tan familiar como mi lunar en el abdomen. Caen sobre
mí un montón de dudas y seguidamente un montón de camisetas que guardan llenas
de recuerdos tu olor a madera y limón, un olor tan peculiar que lo siento al
irme al dormir. Tal vez sin darme cuenta mi armario se llenaba de recuerdos
oscuros, cartas viejas y suéteres sucios. Por más que buscaba no me hallaba, no
hallaba nada en ese montón de tela. Ahí comprendí que mi vida estaba tal vez
tan desordenada como mi armario, y que solo quedaba de mí el reflejo en el
espejo empolvado detrás de aquella puerta que guardó tantos suspiros.
jueves, 18 de julio de 2013
SÍNTOMAS DE TI.
He tenido en mis
últimos suspiros síntomas de melancolía, mis miradas van directo a la nada, al
limbo, a tu rostro perdido entre las sombras. Quizá no te haya amado, quizá
nunca haya amado a nada ni a nadie, pero tus palabras y tus miradas aún inundan
mi ser y no encuentro como vaciarte de mí, como dejar de aferrarme a ti. Sé que
nuestra historia ni siquiera debería llamarse historia, que mis labios
desesperados de ti nunca saciaron su deseo. Los atardeceres que nuestros ojos
presenciaron juntos, siempre
significaron más para mí. Fue una montaña rusa. Mientras yo
tomaba tu mano en la caída y sentía mariposas, tú sin asimilarlo perdías
esa sensación. Al llegar a la cima, donde sentía que una eternidad contigo ahí
no sería suficiente, me preocupé más por la caída y no miré a tus ojos en ese
momento, tus ojos que ahora confundo con los míos en un espejo tenue a las
cuatro de la mañana. Tal vez al final de la montaña rusa tú decidiste bajarte y
al poner tus pies sobre la tierra encontraste esa sensación que, para mi desgracia, no encontraste conmigo. Yo inútil y sin aún
poderme bajar, te observo desde la cima y a tu lado, quien ahora sostiene tus
miedos y tus sueños, que siempre soñé míos. Distante me encuentro, feliz,
triste, vacía. No siento nada, ni siquiera las mariposas de aquella caída libre. Te miro, no he dejado de hacerlo, incluso cuando subes con ella yo sigo atrás
de ti, mirándote, y te encuentras tan feliz sin mí y yo aquí tan perdida sin
ti. Tengo síntomas de ti aún, necesito bajarme de aquí,
necesito que los atardeceres vuelvan a ser míos y que de mis ojos inundados en lágrimas salga tu recuerdo.
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